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GUGGENHEIM NUEVA YORK. EL EDIFICIO SOMETIDO A LA FUNCIÓN (II)

El otro día publique un post sobre el Lingotto de Turín. Un edificio que destaca por sus circulaciones a través de una rampa, con una direccionalidad única. Dicho elemento marca el recorrido desde el principio, hasta el final del mismo.

Recorrido.

Otro edificio que se concibió como un recorrido, es el museo Guggenheim de Nueva York de Frank Lloyd Wright. Finalizado en 1959, en este caso, un ascensor nos lleva hasta la parte superior. Desde aqui, iniciaremos un recorrido pausado, continuo y descendente que nos guiará a través de todas las zonas expositivas. Los objetivos eran variados, por un lado fundir las galerías con el recorrido, por otro que las diferentes personas que se encontrasen en el museo pudiesen guardar una relación visual e incluso interactuar entre diferentes zonas expositivas, y por ultimo llegar al final del recorrido y poder observar el atrio como una pieza final de arte, casi como si fuese una escultura.

La rampa como espacio de relación.

Arquitectura orgánica.

Tanto desde el interior, como desde el exterior, desde donde puede observarse  una cinta blanca sobre la que se desarrolla el edificio en forma de cono invertido, se perciben perfectamente las pautas de la arquitectura orgánica. Con una plasticidad de las formas revestidas por un único material continuo y sin juntas, a pesar de que Wright, en sus orígenes, lo había planeado en piedra. Esta impresión es todavía más evidente cuando lo comparamos con los volúmenes de los edificios que lo rodean.  

Sin embargo, este edificio declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 2019, y que hoy vemos como una obra maestra dentro del racionalismo organicista, en su momento también generó una gran controversia.

Controvertido.

El museo se concibe para exponer obras de arte moderno, y como tal se desvincula de los cánones establecidos para un museo tradicional. Se concibe como un templo del espíritu, donde cada una de las obras maestras de la colección, se tendría que organizar en el espacio. El objetivo era crear un museo con una gran expresividad y personalidad, lo cual no fue fácilmente asimilable para un amplio sector. Valga como ejemplo la carta que escribieron 21 artistas sobre la poca idoneidad de la espiral curva de este museo para llevar a cabo la contemplación de sus obras. Esta idea también se fundamentaba en que la zona expositiva era sombría y con las paredes inclinadas, algo sobre lo que se defendió vehementemente Frank Lloyd Wright, afirmando que la leve inclinación de las paredes aportaría una mejora en el punto de vista de las obras de arte, esta era una de las bases sobre las que se basaba el proyecto y en sus palabras serviría de inspiración para muchos proyectos futuros.

Interior.

Incluso el color, a pesar de que hoy en día este emblemático edificio solo nos lo imaginamos en color blanco, fue un objeto de discusión. Frank Lloyd Wright quería que se pintase de color rojo, ya que era el color de la creación. Los gestores del museo pensaron en verde o amarillo. Pero al final llegaron al blanco como un color de consenso. Aunque después de la muerte de Wright, lo que ocurrió seis meses antes de concluir la obra, se optó por un tono crema muy tenue.

Con todo esto podemos ver, como las obras emblemáticas se consolidan a través de los años, y las dudas que surgieron durante su planteamiento y construcción se disipan, no dejándonos albergar otra posibilidad en nuestras mentes que la del edificio existente.  

Emilio Casariego Baamonde

Arquitecto formado en la ETSAC (Universidad Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña), al terminar los estudios monta su propio estudio de arquitectura, el cual se dedicaba principalmente a proyectos de promoción por la zona de la Mariña de Lugo. Desde el año 2018 desarrolla la función de arquitecto de prescripción y obra nueva para VELUX, llevando las relaciones de la marca con los promotores, constructores y arquitectos de Galicia.