Compartir post

Linkedin Twitter Facebook

Instituto del Patrimonio Cultural de España.

FERNANDO HIGUERAS

Habitualmente escribo sobre arquitectura que a mi juicio merece ser recordada. Uno de estos edificios es el que alberga al Instituto del Patrimonio Cultural de España.

Habitualmente llamado “la corona de espinas”, se sitúa en la ciudad universitaria de Madrid, cerca del Palacio de la Moncloa y tiene una fuerte imagen visual que no deja indiferente.

Vista exterior.

La función.

En este caso, para los arquitectos, es importante no solamente el contenedor, sino también el contenido, ya que este instituto, antes llamado de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, fue creado en el año 1985 con la finalidad de unificar los criterios básicos que debían de regir sobre la conservación y restauración de nuestro patrimonio cultural.  

Las funciones que se realizan en este edificio son muy variadas. Van desde la conservación y restauración de los monumentos, hasta la de los bienes muebles. (Objetos artísticos, etnográficos, arqueológicos).

Otra función pasa por la conservación del patrimonio documental y bibliográfico, así como el archivo, procesamiento y difusión de toda la documentación referida los proyectos, intervenciones y trabajos sobre el patrimonio histórico artístico.

Por último también dispone de laboratorios, que analizan estados de conservación y técnicas para mejorar la preservación y restauración de las diferentes obras. Así como documentación y guías relativas a las mismas.

El edificio donde se aloja este instituto está realizado en hormigón armado, y cuenta con una forma tremendamente peculiar.

La forma.

Contenido en un circulo de 40 metros de diámetro, el edificio se divide en 30 secciones o gajos, dividiéndose en la zona exterior, cada uno de ellos en otros 2.

En 4 de estas secciones exteriores, el edificio se abre hacia la orientación sur, permitiendo una entrada de luz y una rotura del ritmo que nos permita orientarnos fácilmente en el edificio.

Entrada.

Existen dos núcleos de comunicaciones verticales, con escaleras y ascensores, que comunican las 4 plantas.

Para desarrollar la circulación horizontal, el edificio tiene en los pisos superiores dos anillos concéntricos, replicados hacia el exterior por un tercero que nos permite la circulación rodada y el acceso de bienes culturales de gran tamaño a los talleres.

Sección.

Polivalencia.

Las obras se iniciaron en 1966 y no se remataron hasta 1985. En estos casi 20 años de paralización se llevaron a cabo cambios importantes. Algunos de ellos como la construcción de una biblioteca en la planta sótano, poco afectan a la imagen del edifico. Sin embargo, la eliminación del jardín interior y la cubrición de este espacio con una cúpula central sí que afectaron tremendamente a la concepción original.

Al fin y al cabo, esta polivalencia, era una de las premisas del proyecto, poder adaptarse a desarrollar diferentes funciones. Este planteamiento inicial es decisivo, ya que hasta que se finaliza el edificio cambia de función 4 veces, siendo la función final la que originalmente se había concebido.

Fernando Higueras y Antonio Miró

Los arquitectos de este edificio singular fueron Fernando Higueras y Antonio Miró, encuadrándose esta obra como casi toda la de Higueras en un organicismo tardío y expresionista.  

Higueras fue uno de los arquitectos españoles del siglo XX que alcanzó un notable reconocimiento internacional.

La obra de Higueras se puede consultar fácilmente a través de la página de su fundación, http://fernandohigueras.org/ . Abarca numerosos edificios, que van desde viviendas unifamiliares a edificios de vivienda colectiva y otros de uso público. En todos ellos, toma especial relevancia la estructura, que siempre se manifiesta hacia el exterior como un elemento más del diseño.

Frente a toda la variada obra, quise hablar del Instituto del Patrimonio Cultural de España, por una sencilla razón que pasaré a explicar a continuación.

Higueras participó en numerosos concursos, concursos en los que desarrollo proyectos tremendamente espectaculares y con un lenguaje muy similar al que hoy traemos aquí.

Entre estos concursos destacan el del Edificio Polivalente en Montecarlo (1969), el del Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid (1964), o el del pabellón de España en Nueva York (1963).

Todos ellos, de una u otra manera, se quedaron en el papel, excepto el Instituto del Patrimonio Cultural de España, que nos vale para ver lo acertados, espectaculares e intemporales que eran sus propuestas.   

Emilio Casariego Baamonde

Arquitecto formado en la ETSAC (Universidad Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña), al terminar los estudios monta su propio estudio de arquitectura, el cual se dedicaba principalmente a proyectos de promoción por la zona de la Mariña de Lugo. Desde el año 2018 desarrolla la función de arquitecto de prescripción y obra nueva para VELUX, llevando las relaciones de la marca con los promotores, constructores y arquitectos de Galicia.